Este no es un escrito amable

¿Hablaríais igual de la situación si los muertos fueran niños en lugar de mayores de 65 años? ¿Os quejariais tanto si los muertos fueran de entre 25 y 45 años? Pensad un segundo en esto. Parad y pensad que fuera así. Que las noticias mostrasen niños entubados y con respiradores. Os imaginas que el goteo de muertos diario, de 1000, de 2000, de 4000, fueran de bebes recién nacidos? ¿O de gente de tu edad? Este no es un escrito amable.

Si los muertos fueran más jóvenes estaríais devorados por el pánico en vuestras casas. Me dirijo especialmente a quienes habéis teorizado, desafiado, contradicho, ninguneado, los datos y la gravedad de lo que sucede con tanta prisa, frivolidad y arrogancia.

Esas muertes os importan poco. El efecto de “víctima indetificable” (Small, Lowenstein; 2005) se basa en la dificultad de indetificarse con la víctima, por distancia física, por número excesivo de muertes, y, especialmente, por factores educativos y culturales como el racismo, la homofobia, xenofobia, aporofobia y también la gerontofobia. Frente a los prejuicios de odio el otro pierde su humanidad. Y lo único que hace que esas muertes no os importen es la creencia que las personas mayores son prescindibles. No son las elites las que les quieren muertos, sois vosotros y se llama gerontofobia. Una palabra dura que no es meramente miedo, sino rechazo, desprecio, infravaloración… Es lo que esta pandemia, entre otras muchas miserias, está sacando a flote de esta sociedad. Aqui La gerentofobia es (como la aporofobia) hija de la eugenesia. La eugenesia es una creencia que se extendió a finales del XIX basada en la selección genética (intuitiva, ya que empezó antes de las publicaciones de Mendel) para que la especie se haga más “fuerte”. Eran tiempos donde el complejo de Dios del hombre blanco occidental estaba desbocado. Dejaban morir y apartaban a los “locos”, a los alcohólicos (sobre todo si eran mujeres o negros, fíjate tú). Los nazis se basaron en esta creencia para masacrar judíos y experimentar con humanos. En los EEUU también lo hicieron en los 50.

Un sistema basado en el noliberalismo convierte a las personas en meros peones de producción. Una persona debe producir y/o consumir sino el sistema lo entiende como una “carga”. A las personas pensionistas se les considera una carga. Son despreciables. Todo lo que aprendemos desde la infancia es a despreciar a los mayores. Y ellos se sienten inútiles, con mucho que ofrecer sin que nadie les reciba. No es país para viejos. Nadie valora su sabiduría, su história, su lucha, sus talentos. Es la cripta del mito del progreso. La mayoría de esas personas se dejaron la piel para cumplir, para ofrecer un salario digno, oportunidades a sus hijos (impensables en su juventud) y que consiguió su generación a base de protestas, lucha, sacrificio, empatía y compromiso. Pero sí sirven para programas de entretenimiento donde ridiculizarles.

La eugenesia y el neoliberalismo se acaban con la ética. Por eso está desterrada de casi cualquier debate.

Son los movimientos sociales o naturales los que muchas veces detonan, revelan, nuestros prejuicios más oscuros. Ahora se revela el odio, la fobia, el desprecio, a las personas mayores. Algo que siempre ha estado ahí. Es estructural. Y es por ellos que yo me quedo en casa.

Mi empatia es reciente. No me las doy de nada. La desarrollé con mi abuelo paterno los dos últimos años de su vida. Acompañándole con paseos en su silla de ruedas. Íbamos siempre desde la residencia, bordeando las misma calles y de vuelta a la hora de comer. Le señalaba los mismos edificios, le hacía las mismas bromas en los mismos lugares, nos parábamos a oler siempre la lavanda del parque… Al paseo número 40 ya se iba acordando. A veces decía “por aquí ya hemos venido, no?”. Le enseñé 200 veces mi moto. Siempre decía “Anda! Esta es tu moto!? Que bonita es!”. Siempre decía lo mismo. Siempre era la primera vez que la veía. Mi abuelo, que era nervioso y reservado, se convirtió en una persona consciente, sin memoria reciente, tierna y amable. Murió. Y si hubiese estado vivo durante la pandemia… si hubiesen cerrado el acceso a la residencia, con la angustia de poderse enfermar y no estar a su lado, no poder ayudarle… juro que hubiese reventado las puertas y a ostias me lo hubiese llevado conmigo. No soy capaz de imaginar el dolor que hubiera podido vivir. Y desde esa comprensión, desde ese empatia, cuando vi cómo morían… quedarme en casa no fue un problema en absoluto. Lo hice porque se me partía el alma al imaginar a miles de familias que han vivido ese horror. Y miles de personas que han muerto solas. Miles asfixiadas en los pasillos de los hospitales saturados, en el suelo, sin poder ser atendidas… Los cuerpos muertos durante días en las habitaciones de las residencias. Personas durmiendo en la habitación con su compañero muerto en la cama de al lado. Las funerarias, los tanatorios y crematorios desbordados. No había quién pasara a retirar los cuerpos. Y tú quejándote por una mascarilla, sintiéndote muy rebelde y libre desafiando algo que sólo desde el delirio se puede poner en duda.

Y de verdad que entiendo que frente a la ansiedad y el miedo busquéis un culpable de carne y hueso (no se puede culpar con mucha energía a un virus). Si la educación recibida está basada en la competitividad y la productividad y vivimos en una sociedad desacralizada, no hay recursos para sostener los procesos vitales. Así entiendo que es muy duro, un impacto profundo, asumir que no controlamos nada y que la muerte está en la esquina. Y negarlo es un mecanismo de defensa comprensible. Y claro que es necesaria y legítima una actitud crítica frente a cualquier cuestión, la que sea. Es algo que todos debemos cultivar porque no nos enseñan eso en el colegio. Y es necesária para no caer en la sumisión, para no ceder el poder donde no ayuda y para no soltar toda responsabilidad. Pero también se necesita para no caer en la rebeldía, en el capricho ni en el delirio. Ser crítico no es ir en contra. Y muchos de los argumentos que leo son simplemente mentira, otros prepotentes, precipitados, y muchos otros hasta ridículos. Y precisamente porque son precipitados y ridículos es más obvio que son irracionales y que lo que pasa de fondo, lo que se está jugando, no es lo que parece. Y por eso cualquier bulo os vale, y por eso os da lo mismo si se demuestra que lo es, porque desde ese lugar no queréis la verdad. No os hace falta.

Y del mismo modo que buscáis un enemigo, también buscáis un salvador. Y es normal en un sistema patriarcal tomar al que alerta, cuida y ofrece responsabilidad como enemigo, y al tirano y explotador como salvador. El bueno de Amancio y el valiente de Donald. Es habitual ver memes, vídeos y textos absurdos (de verdad que lo son), intentando justificar esto. Y a quienes mostramos mesura nos llaman “dormidos”. No es la primera vez que a los que pedimos o mostramos mesura, calma, tiempo, reflexión y empatía nos llamen así, o equidistantes, cómplices, pánfilos y cosas peores.

En tantos y tantos posts no leo apenas nada sobre la tragédia, no leo nada sobre honrar las muertes. Y no, honrar las muertes no es poner un lazo negro con la bandera de españa como foto de perfil, ni que las banderas ondeen a media asta, si luego buscas quitarles importancia, cuestionar y manipular las cifras, escampar mentiras sobre actuaciones del gobierno o si muestras comparaciones manipuladas con muertes de años anteriores. Porque todos sabeis ahora de bioquímica, física, telecomunicaciones o estadística y no teneis ningún pudor en demostrarlo.

Pero si fueran niños, si los muertos fueran de tu edad, te lo tomarías con más respeto y menos frivolidad. No dirías que llevar una máscarilla de 8g que salva vidas es una tortura. No te atreverías. Pero los que mueren son viejos. Pues que se mueran.

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Author: Manuel Cuesta Duarte

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